martes, 6 de octubre de 2026

Booktag: Truco o trato

Supongo que todos tenemos rachas de apatía lectora y que, con tiempo y el libro adecuado, terminan pasando. También estoy un tanto apática en lo que a las reseñas se refiere, ya se me acumulan tres, pero la sobrecarga de trabajo tampoco contribuye a que saque ganas para escribirlas.
Mientras vuelvo a mi rutina lectora os dejo con un booktag, muy adecuado para estas fechas halloweenescas, que vi en el blog de Cartas a Eliza.

En lo que llevamos de año, ¿cuántos libros de terror has leído?
Reconozco que soy muy poco dada a leer este género y, de momento, he leído La maldición de Hill House.

¿Cuántos libros de terror tienes en tu estantería?
Solamente tres: Katu beltza (El gato negro), La maldición de Hill House y Otra vuelta de tuerca.

Portada más terrorífica que hayas visto o tengas
La de El pozo y el péndulo y otros cuentos de terror de Edgar Allan Poe, hay varias portadas pero la de la editorial Del Fondo Editorial me da muy mal rollo.

Libro de terror favorito
Hasta el momento, El gato negro de Edgar Allan Poe

¿Qué idea te atrae más para hacer la noche de Halloween: ver películas de miedo, salir de fiesta con amigos, ir a pedir caramelos o leer un libro?
Salir de fiesta con la cuadrilla, no me lo tengo que pensar mucho, aunque como haga frío tampoco le haría ascos a quedarme en casa leyendo.

En una fiesta de Halloween, ¿quiénes serían tus invitados?
La bruja mala del Oeste, El jinete sin cabeza, Jack Torrance, Norman Bates y Lestat

Si pudieras elegir un/a autor/a con quien ir de puerta en puerta haciendo “truco o trato” ¿a quién escogerías?
A Donato Carrisi, no es autor de terror pero seguro que me contaría alguna historia que me pondría los pelos de punta

¿Qué brujo/a o mago/a te ayudaría a hacer un hechizo o poción para leer más rápido?
Minerva McGonogall, no he leído los libros de J.K. Rowling pero sí he visto las películas y seguro que haría un hechizo poderoso

Libro que te llevarías a la tumba
No creo que me hicieran mucha falta pero me llevaría mi colección de cómics de Asterix y Obelix

Libro que le tirarías a un zombi
El primero que me viene a la cabeza es Seda de Alessandro Barico ahora mismo es el peor libro que he leído, no hay por donde cogerlo.

Mundo literario peligroso donde irías a pasar Halloween
El inventado por Stephen King y llevado a la pantalla por Kubrick: al Hotel Overlook, ¿dónde si no?

Hasta aquí el booktag, espero que os haya entretenido un rato.

lunes, 28 de septiembre de 2026

La maldición de Hill House

Ficha técnica

Autora: Shirley Jackson
Título original: The haunting of Hill House
Traductor: Óscar Palmer Yáñez
Edición: 1ª ed.
Lugar de edición: Madrid
Editorial: Valdemar
Año de edición: 2008
Número de páginas: 256
ISBN: 9788477026211
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Opinión
Publicada por primera vez en 1959, La maldición de Hill House está considerada una de las grandes novelas del terror gótico del siglo XX y convirtió a Shirley Jackson en una de las autoras más destacadas del género. Su influencia ha llegado hasta escritores como Stephen King, quien encontró en ella una fuente de inspiración para escribir El resplandor. Con semejantes credenciales, resulta fácil dejarse seducir por una historia en la que una mansión solitaria, rodeada de una siniestra reputación, se convierte en el eje central de todo lo que acontece.

La historia nos presenta al doctor John Montague, un antropólogo interesado en investigar los fenómenos sobrenaturales que se producen en casas encantadas. Tras escuchar las historias que circulan sobre Hill House, decide alquilarla para estudiar los extraños sucesos que, al parecer, tienen lugar entre sus paredes. Para ello contará con la compañía de Eleanor, una joven que ha dedicado buena parte de su vida a cuidar de su madre; Theodora, una vivaracha artista; y Luke, sobrino de la propietaria de la mansión.

Desde el principio, el grupo parece congeniar bastante bien. Una vez hechas las presentaciones, surge la inevitable pregunta: ¿por qué están todos allí? Las dos jóvenes han respondido voluntariamente a la llamada del doctor, mientras que Luke se encuentra en la casa por imposición de su tía. Montague aprovecha para ponerlos al corriente de la turbulenta historia de Hill House, marcada por la locura, el suicidio y las disputas judiciales. A ello se suma un inquietante detalle: sus anteriores inquilinos siempre terminaban abandonándola antes de lo previsto y advertían a los demás que se mantuvieran alejados de ella.

Qué sucede realmente en Hill House para despertar semejantes temores es algo que os dejo descubrir por vosotros mismos si os animáis a adentraros en sus páginas.

Shirley Jackson construye una historia de terror psicológico en la que destacan, sobre todo, las descripciones de la mansión. La autora consigue dotarla de una presencia inquietante, casi como si tuviera vida propia y observara a quienes se atreven a cruzar sus puertas. Bajo ese halo oscuro y siniestro, los espacios parecen cobrar una voluntad propia: puertas y ventanas que se cierran solas, ambientes opresivos y una sensación constante de que algo no va bien. Es precisamente esta capacidad para crear una atmósfera perturbadora la que, en mi opinión, constituye uno de los mayores aciertos de la novela.

Sin embargo, no puedo decir lo mismo de sus personajes. Me han parecido demasiado planos, con actitudes que en ocasiones rozan lo infantil y que no terminan de resultar creíbles. No he conseguido congeniar con ninguno de ellos y, especialmente, Eleanor, sobre quien recae buena parte del peso de la historia, se me ha hecho cuesta arriba. Lejos de despertar mi interés o conseguir que empatizara con ella, ha terminado por resultarme un personaje tedioso, por no decir insoportable.

Sé que esta novela cuenta con numerosos admiradores y que para muchos es una obra imprescindible del género, pero, en mi caso, lo que más me ha interesado son los fenómenos paranormales relacionados con la propia casa. Me habría gustado que la autora profundizara más en ellos, que explorara sus manifestaciones y les concediera un mayor protagonismo. Sin embargo, cuando empiezan a suceder cosas realmente interesantes, la narración parece apartarse de ellas con demasiada rapidez y algunos personajes contribuyen a restarles importancia. Esta falta de desarrollo, unida a lo poco que me han convencido sus protagonistas, ha hecho que la lectura se me haya hecho bastante pesada, a pesar de que los capítulos son cortos y de que Jackson escribe con un estilo cuidado y eficaz.

Tampoco han ayudado los personajes secundarios. La señora Montague me ha resultado especialmente irritante por su actitud prepotente y arrogante, mientras que la señora Dudley, que podría haber dado más juego dentro de la historia, termina resultando demasiado repetitiva con sus constantes referencias a las obligaciones que le corresponden como empleada de Hill House. Son detalles que, en lugar de enriquecer la narración, han contribuido a que mi interés fuera decayendo a medida que avanzaba en la lectura.

Con el desenlace también he tenido mis más y mis menos. Por un lado, me ha parecido predecible; por otro, entiendo que encaja con el tipo de historia que Jackson ha querido contar. Aun así, me habría gustado un final con más fuerza, en el que la propia Hill House tuviera un protagonismo todavía mayor y terminara de redondear esa atmósfera inquietante que la autora construye tan bien durante buena parte de la novela. Quizá la intención estuviera ahí y sea yo quien no haya sabido apreciarla como merecía.

No sé si mis expectativas eran demasiado altas o si, sencillamente, no he leído esta novela en el mejor momento, pero lo cierto es que La maldición de Hill House, pese a contar con elementos más que atractivos y una ambientación que funciona especialmente bien, no ha sido la lectura sobre casas encantadas que esperaba encontrar. La atmósfera, la inquietud y el potencial de la propia mansión estaban ahí, pero la falta de conexión con los personajes y mi deseo de que se profundizara más en los fenómenos paranormales han terminado pesando más que sus virtudes. Una novela que entiendo que pueda fascinar a otros lectores, pero que, en mi caso, se ha quedado lejos de las expectativas que había depositado en ella.

martes, 22 de septiembre de 2026

La chica del lago

Ficha técnica

Autor: Mikel Santiago
Edición: 1ª ed.
Editorial: Ediciones B
Año de edición: 2025
Número de páginas: 688
ISBN: 9788466682732
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Opinión
La historia empieza cuando Quintana Torrés está en la firma de su última novela, un thriller basado en la historia real de Alba, una joven que murió en extrañas circunstancias en el lago de Urkizu hace veinticinco años. Durante la firma, un antiguo compañero del instituto le entrega un sobre negro. Dentro solo hay una fotografía de un diario que perteneció a Alba, un diario que desapareció junto a ella la noche en que falleció.

A partir de aquí, la novela va alternando el presente y los acontecimientos del pasado, mientras Quintana intenta entender qué ocurrió realmente y por qué, después de tantos años, están apareciendo nuevas pistas. La investigación empieza a poner en duda cosas que parecían claras y hace que Quintana tenga que enfrentarse a personas, recuerdos y secretos que llevaban mucho tiempo enterrados.

No sé si os pasará lo mismo: cuando leo un libro de alguno de mis autores favoritos, voy con una predisposición más positiva porque sé que me va a gustar, y Mikel Santiago es, para mí, una apuesta segura. Hay libros que me gustan más y otros menos, pero nunca defrauda (hasta el momento), y La chica del lago tenía todas las papeletas para afianzar a su autor en mi lista de favoritos.

Cuando comenzamos la lectura de un libro, nos podemos encontrar con aquellos que empiezan con una pregunta y otros que empiezan con una sensación. La chica del lago pertenece un poco a los dos grupos. Desde las primeras páginas hay algo que no termina de encajar, una inquietud que va creciendo poco a poco y que hace que sigamos leyendo con la sensación de que, detrás de lo que estamos viendo, hay mucho más de lo que parece.

La historia gira alrededor de un misterio que, como suele ocurrir en las novelas de Santiago, está muy relacionado con el pasado y con esas cosas que creemos haber dejado atrás pero que, en realidad, nunca desaparecen del todo. El lago, que tiene un peso importante durante toda la historia, no es simplemente el lugar donde ocurren los hechos. Es también una parte del ambiente de la novela, un espacio que transmite calma por fuera y cierta oscuridad por dentro. Y esa mezcla funciona muy bien.

Uno de los puntos fuertes del libro son los personajes. No son simplemente piezas colocadas para que avance la investigación, sino personas con sus propios recuerdos, dudas, relaciones y secretos. Poco a poco vamos conociendo sus diferentes caras y, sobre todo, entendiendo que no siempre es fácil saber en quién confiar. Esa incertidumbre está muy bien llevada porque el autor no necesita estar constantemente dando grandes giros para mantener nuestra atención. Muchas veces basta con una conversación, un recuerdo o un pequeño detalle para que empecemos a mirar la historia de otra manera.

El ritmo es otro punto a favor. La novela se lee con bastante facilidad porque los capítulos están construidos de una manera que invita a continuar. Siempre queda alguna pregunta en el aire y es difícil no querer saber qué ocurre después. Aun así, no da la sensación de que todo esté hecho simplemente para sorprender al lector. Hay una historia detrás del misterio y el autor va dejando que la vayamos descubriendo poco a poco.

Además, Mikel Santiago sabe crear ambiente. Hay una sensación constante de tranquilidad extraña, como si bajo la aparente normalidad de los lugares y de las personas hubiera algo que no se quiere contar. Esa atmósfera es probablemente una de las cosas que más me han gustado del libro. No necesita recurrir continuamente a situaciones exageradas para crear tensión. La tensión aparece muchas veces en lo cotidiano, en lo que los personajes callan y en aquello que parece no tener demasiada importancia hasta que, de repente, empieza a tenerla.

En cuanto al estilo, es sencillo y muy directo. No se entretiene demasiado en descripciones innecesarias ni utiliza un lenguaje complicado. La narración avanza de forma bastante natural y eso hace que la lectura resulte ágil. Es una novela pensada para dejarse llevar por la historia, aunque también tiene suficientes detalles como para que el lector vaya intentando sacar sus propias conclusiones, y esto es lo que hace que Mikel Santiago sea uno de mis autores favoritos.

Y quizá ahí está una de las mejores cosas de La chica del lago: la sensación de estar intentando resolver el misterio al mismo tiempo que los personajes. Podemos sospechar de unas personas, cambiar de opinión, pensar que hemos entendido algo y descubrir después que quizá no era tan sencillo. La novela juega bastante con esa sensación de inseguridad y lo hace sin necesidad de explicarlo todo constantemente.

También me parece interesante cómo la historia habla, aunque sea de manera indirecta, de la memoria, de la culpa y de la forma en que el pasado puede seguir influyendo en el presente. No es solo una novela sobre descubrir qué ha ocurrido, sino también sobre las consecuencias que tienen determinados hechos en las personas que los vivieron.

En conjunto, La chica del lago es una novela de misterio que funciona especialmente bien si buscas una lectura entretenida, con buen ritmo y una atmósfera que va ganando peso a medida que avanzan las páginas. No hace falta ser un lector habitual de novela negra para disfrutarla, porque la historia está contada de una forma bastante accesible y engancha sin complicarse demasiado.

Lo mejor es entrar en ella sabiendo poco. Dejarse llevar, conocer a los personajes, observar los pequeños detalles y permitir que la historia vaya colocando sus piezas. Porque, al final, buena parte de su gracia está precisamente en eso: en pensar que ya sabes por dónde van las cosas y seguir leyendo para comprobar si realmente tienes razón y, como me suele pasar, Mikel Santiago me deja asombrada cuando te descubre que has estado pensando todo el rato en el culpable equivocado.

lunes, 3 de agosto de 2026

La soga de cristal

Ficha técnica
Autora: Elia Barceló
Edición: 1ª ed.
Editorial: Roca editorial
Año de edición: 2024
Número de páginas: 456
ISBN: 9788419743121
Tetralogía: Santa Rita 3
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Opinión
Es la tercera entrega de la tetralogía Santa Rita y que se desarrolla en un antiguo balneario reconvertido en comuna moderna, seguimos conociendo a sus personajes y desentrañando la historia de la familia que lo habitó desde que se construyó hasta la actualidad.

Santa Rita no es el lugar donde ocurre la acción, es también un ancla frente al paso del tiempo donde cada personaje de esta comuna arrastra una historia y donde la convivencia entre todos y cada uno de ellos se entrelaza creando nuevas oportunidades para empezar de cero.

La novela se desarrolla en el presente, aunque, como ya es habitual en la autora, se entreteje con el pasado. Un pasado que aparece constantemente y que define a los personajes y condiciona muchas de sus decisiones. Barceló juega con la idea de que ningún secreto permanece enterrado para siempre y de que la memoria, por mucho que intentemos silenciarla, siempre termina encontrando el momento oportuno para salir a relucir.

La ambientación vuelve a ser, desde mi punto de vista, uno de los puntos fuertes del libro. La acción transcurre en los días previos al Día de Todos los Santos, una época en la que el recuerdo de quienes ya no están parece instalarse de manera natural en la vida cotidiana. Esa elección no es casual. La atmósfera tiene un punto melancólico que encaja con los temas que se tocan a lo largo de toda la novela: la memoria, las pérdidas, la culpa y la posibilidad del perdón. Sin convertirse en historia oscura, sí consigue transmitir esa sensación de que el pasado camina muy cerca del presente.

A diferencia de otras novelas similares que buscan mantener al lector en tensión constante, La soga de cristal tiene un ritmo más pausado. Barceló se toma su tiempo para presentar a los personajes, mostrar sus conversaciones, detenerse en los pequeños gestos y construir el misterio poco a poco. Cuando las piezas empiezan a encajar, el lector siente que ha participado realmente en la investigación y no que simplemente ha asistido a una sucesión de sorpresas.

Pero si hay algo que hace especial esta serie es la evolución de sus personajes. Leer La soga de cristal de forma independiente es posible, aunque leerla desde el principio nos permite ver como van evolucionando ya que, entre una novela y otra, se aprecia cómo van envejeciendo, cómo se estrechan las relaciones entre ellos, cómo afrontan los retos del día a día y esa continuidad hace que no sólo sean libros de casos policiales que resolver.

No obstante, Sofía sigue siendo el eje de la historia. Su experiencia, su inteligencia y su forma de observar el mundo aportan serenidad a una investigación que nunca pierde de vista el lado humano de los acontecimientos. A su alrededor, su sobrina Greta continúa creciendo como personaje, mientras que el resto de residentes ganan protagonismo con cada entrega. La autora demuestra una enorme capacidad para construir personajes complejos y alejados de cualquier tópico sobre la vejez. Aquí las personas mayores no son figuras secundarias ni meros testigos: son quienes toman decisiones, investigan, recuerdan, dudan y siguen buscando su lugar en el mundo.

Ese tratamiento de la edad es una de las señas de identidad más originales de esta tetralogía. Barceló reivindica que la vida continúa mucho después de la jubilación y lo hace con personajes llenos de contradicciones, sentido del humor y ganas de seguir viviendo. Esa mirada optimista aporta una calidez dentro del género negro.

El estilo sigue siendo cuidado, muy visual lo cual facilita mucho la lectura. Las descripciones nos hacen recrear lo que estamos leyendo y los diálogos son muy coloquiales, muy de tú a tu.

Quizá eso sea lo que mejor define La soga de cristal: no pretende impresionar únicamente con un gran giro final, sino construir una historia donde importa tanto el camino como el desenlace. El misterio está muy bien planteado, pero acaba siendo solo una parte de una novela mucho más amplia, interesada sobre todo en las personas y en las huellas que deja el tiempo.

En definitiva, esta tercera entrega confirma que Muerte en Santa Rita es una de esas series que merece la pena seguir libro tras libro. No solo porque cada caso funciona por sí mismo, sino porque el verdadero regalo está en volver a ese rincón del Mediterráneo donde los secretos conviven con los jazmines, donde el pasado siempre encuentra la forma de regresar y donde sus habitantes recuerdan que nunca es tarde para cambiar, para perdonar o para empezar una nueva etapa. Y, cuando una novela consigue que el lector cierre el libro con ganas de regresar cuanto antes a ese lugar, significa que su autora ha creado mucho más que un buen misterio: ha construido un mundo al que apetece volver.

viernes, 24 de julio de 2026

Castillos de cartón

Ficha técnica

Autora: Almudena Grandes
Edición: 4ª ed.
Lugar de edición: Barcelona
Editorial: Tusquets, colección Andanzas
Año de edición: 2004
Número de páginas: 199
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Opinión
María José, una experta en arte contemporáneo que trabaja como tasadora en una casa de subastas, recibe una llamada de un antiguo compañero con el que no habla desde hace más de veinte años para comunicarle que Marcos, un amigo común, se ha suicidado. La trágica noticia despierta en María José recuerdos olvidados y la hace revivir aquellos años de juventud. Recuerda cómo empezó a pintar y, sobre todo, cómo se conocieron los tres cuando cursaban cuarto de Bellas Artes y la facilidad pasmosa con la que Jaime era capaz de dibujar el retrato de cualquier mujer, de los cuadros que pintaba Marcos y que eran mucho más buenos de lo que él mismo creía.

También recuerda aquella tarde en casa de Jaime, en la que los tres pasan de ser meros amigos a amantes, cuando María José y Marcos se desnudan torpemente y éste no logra tener una erección hasta que Jaime entra en la habitación, se desnuda y se mete en la cama con ellos. Desde ese momento la relación entre los tres se va haciendo más intensa, hasta el punto de convertirse en una unidad, y pasan todo el tiempo que pueden juntos: comparten sus mayores secretos, pintan, se divierten, hacen el amor y conviven juntos.

Se puede querer a dos personas a la vez pero ¿se puede amar a esas dos personas con la misma intensidad?

Estructurada en cuatro partes o capítulos: el arte, el sexo, el amor y la muerte, María José toma la palabra narrándonos esos recuerdos y nos hace viajar a los años ochenta; una década convulsa marcada por los cambios políticos, sociales y culturales así como por el descubrimiento de las propias libertades.

Llegados a este punto puede que alguien piense que se trata de una historia sórdida al tener como protagonista a un trío y le cueste entender cómo es posible que tres personas lleguen a mantener una relación tan intensa como la que mantienen los protagonistas. Sin embargo, Almudena Grandes crea una historia intimista, una historia donde los sentimientos evolucionan y el sexo es tan sólo un ingrediente más.

Castillos de cartón ha supuesto mi primer acercamiento a la obra de esta autora y, aunque la he disfrutado mucho no puedo decir que me haya parecido una novela redonda, quizá porque me he quedado con ganas de más. Reconozco que el argumento me ha parecido original y atípico a lo que suelo leer normalmente pero me ha dado la sensación de que la historia iba perdiendo fuelle hacia el final de la misma.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención, y que no sé si es característico en su obra, es la creación de unos personajes complejos y ricos en matices tanto en el plano físico como en el psicológico, así como unas descripciones meticulosas que dan la sensación al lector de ser un espectador en la historia que nos narra.

Es posible que no haya escogido su mejor obra para empezar pero no será la última ya que el estilo sencillo y sin artificios de Grandes me ha convencido.

«Nos enceramos en castillos de cartón, una fortaleza fragilísima y sólida al mismo tiempo como una roca, como había sido una vez la ecuación perfecta de nuestros cuerpos impares, que nos había dado más de lo que habíamos tenido nunca.»