Autora: Daphne du Maurier
Título original: Rebecca
Traductor: Fernando Calleja
Edición: 1ª ed.
Editorial: DeBolsillo
Año de edición: 2006
Número de páginas: 464
ISBN: 9788497938860
Créditos imagen
Opinión
Daphne du Maurier reconoció que se basó en sus propias vivencias en Cornualles para escribir la que es, quizá, su obra más conocida, ya que su esposo estuvo prometido con una bella mujer y eso influyó en la gestación de Rebeca, uno de los clásicos modernos que goza de muy buenas críticas; merecidas o no, dependerá de quien lo lea.
«Anoche soñé que había vuelto a Manderley», un inicio que da pie a nuestra narradora y protagonista para contarnos lo que vivió en la mansión de la familia de Winter. Para ello nos trasladamos a Mónaco, donde la protagonista, de la que no sabremos ni su nombre ni su edad exacta, se dedica a ser dama de compañía de una señora acomodada. Allí conocerá a Max de Winter, un hombre maduro que ha enviudado recientemente y a quien persigue el recuerdo de su esposa, Rebeca.
Será la señora Van Hopper, la dama para la que trabaja la protagonista, quien le dé a conocer al señor de Winter que, tras un breve cortejo, le propondrá matrimonio. Tras el viaje de novios, la pareja regresa a Manderley, una mansión en la que todo recuerda a Rebeca, la anterior señora de Winter.
A partir de aquí la historia se vuelve un poco siniestra y conoceremos el porqué de que Max de Winter se sienta perseguido por el recuerdo de su anterior esposa. También iremos conociendo un poco más a la protagonista y al resto de los personajes, incluida la propia Rebeca, a quien todo el mundo parecía adorar pero, como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce.
Du Maurier crea una historia muy bien escrita y con unas descripciones maravillosas que trasladan al lector a Manderley y le hacen sentir ese halo misterioso que se cierne sobre la mansión y en torno a la figura de Rebeca, en el que tiene un peso relevante la señora Danvers, el ama de llaves, un personaje oscuro —y no solo porque vista de negro— que hace todo lo posible para que la nueva señora de Winter se sienta incómoda y todo le recuerde a Rebeca. Este es el personaje que más me ha gustado y el que mejor recreado está, a mi parecer, tanto desde el punto de vista físico como psicológico.
Con la nueva señora de Winter no he conseguido empatizar en ningún momento, ya que es un personaje tímido y retraído al que le falta carácter y que recuerda a un perrito faldero que no hace nada para disgustar a quienes la rodean. Además, sus películas mentales me sacaban de la historia y en más de una ocasión me han ofuscado por lo anteriormente mencionado: su falta de carácter.
Max de Winter tampoco ha sido santo de mi devoción, ya que me ha resultado frío y calculador, además de déspota en más de una ocasión con su nueva esposa, pese a que hay algo en su pasado que «puede» justificar un poco su forma de actuar. Y lo entrecomillo porque, para mí, no tiene justificación ninguna.
Entre los secundarios destacaría a Beatrice, la hermana de Max, una mujer con fuerte personalidad que dice lo que piensa y que, junto a Crawley —el administrador de Manderley—, es de los pocos que se muestran agradables con la nueva señora de Winter.
Si los personajes no han logrado convencerme, tampoco lo ha hecho el argumento en sí mismo. El comienzo y la sinopsis prometen una buena historia, pero la primera mitad del libro se me ha hecho muy aburrida y demasiado lenta. Es más, estuve tentada de abandonar su lectura y lo hubiera hecho si no hubiera sido porque se desvela un secreto que consiguió despertar mi curiosidad. No obstante, el modo en el que se resuelve ese secreto me ha parecido que no está desarrollado de la mejor forma y el final no me ha parecido nada creíble.
Habrá quien piense que hay que tener en cuenta el año en el que se escribió, que las cosas en aquella época eran de otra manera, etc., etc. Hasta ahí estoy de acuerdo pero, aun teniendo esto en cuenta, hay algo que sucede durante el esclarecimiento del secreto —y que no se tiene en cuenta— que echa por tierra todo el desenlace y ha hecho que Rebeca me haya parecido una lectura sencilla y muy sobrevalorada.
Título original: Rebecca
Traductor: Fernando Calleja
Edición: 1ª ed.
Editorial: DeBolsillo
Año de edición: 2006
Número de páginas: 464
ISBN: 9788497938860
Créditos imagen
Opinión
Daphne du Maurier reconoció que se basó en sus propias vivencias en Cornualles para escribir la que es, quizá, su obra más conocida, ya que su esposo estuvo prometido con una bella mujer y eso influyó en la gestación de Rebeca, uno de los clásicos modernos que goza de muy buenas críticas; merecidas o no, dependerá de quien lo lea.
«Anoche soñé que había vuelto a Manderley», un inicio que da pie a nuestra narradora y protagonista para contarnos lo que vivió en la mansión de la familia de Winter. Para ello nos trasladamos a Mónaco, donde la protagonista, de la que no sabremos ni su nombre ni su edad exacta, se dedica a ser dama de compañía de una señora acomodada. Allí conocerá a Max de Winter, un hombre maduro que ha enviudado recientemente y a quien persigue el recuerdo de su esposa, Rebeca.
Será la señora Van Hopper, la dama para la que trabaja la protagonista, quien le dé a conocer al señor de Winter que, tras un breve cortejo, le propondrá matrimonio. Tras el viaje de novios, la pareja regresa a Manderley, una mansión en la que todo recuerda a Rebeca, la anterior señora de Winter.
A partir de aquí la historia se vuelve un poco siniestra y conoceremos el porqué de que Max de Winter se sienta perseguido por el recuerdo de su anterior esposa. También iremos conociendo un poco más a la protagonista y al resto de los personajes, incluida la propia Rebeca, a quien todo el mundo parecía adorar pero, como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce.
Du Maurier crea una historia muy bien escrita y con unas descripciones maravillosas que trasladan al lector a Manderley y le hacen sentir ese halo misterioso que se cierne sobre la mansión y en torno a la figura de Rebeca, en el que tiene un peso relevante la señora Danvers, el ama de llaves, un personaje oscuro —y no solo porque vista de negro— que hace todo lo posible para que la nueva señora de Winter se sienta incómoda y todo le recuerde a Rebeca. Este es el personaje que más me ha gustado y el que mejor recreado está, a mi parecer, tanto desde el punto de vista físico como psicológico.
Con la nueva señora de Winter no he conseguido empatizar en ningún momento, ya que es un personaje tímido y retraído al que le falta carácter y que recuerda a un perrito faldero que no hace nada para disgustar a quienes la rodean. Además, sus películas mentales me sacaban de la historia y en más de una ocasión me han ofuscado por lo anteriormente mencionado: su falta de carácter.
Max de Winter tampoco ha sido santo de mi devoción, ya que me ha resultado frío y calculador, además de déspota en más de una ocasión con su nueva esposa, pese a que hay algo en su pasado que «puede» justificar un poco su forma de actuar. Y lo entrecomillo porque, para mí, no tiene justificación ninguna.
Entre los secundarios destacaría a Beatrice, la hermana de Max, una mujer con fuerte personalidad que dice lo que piensa y que, junto a Crawley —el administrador de Manderley—, es de los pocos que se muestran agradables con la nueva señora de Winter.
Si los personajes no han logrado convencerme, tampoco lo ha hecho el argumento en sí mismo. El comienzo y la sinopsis prometen una buena historia, pero la primera mitad del libro se me ha hecho muy aburrida y demasiado lenta. Es más, estuve tentada de abandonar su lectura y lo hubiera hecho si no hubiera sido porque se desvela un secreto que consiguió despertar mi curiosidad. No obstante, el modo en el que se resuelve ese secreto me ha parecido que no está desarrollado de la mejor forma y el final no me ha parecido nada creíble.
Habrá quien piense que hay que tener en cuenta el año en el que se escribió, que las cosas en aquella época eran de otra manera, etc., etc. Hasta ahí estoy de acuerdo pero, aun teniendo esto en cuenta, hay algo que sucede durante el esclarecimiento del secreto —y que no se tiene en cuenta— que echa por tierra todo el desenlace y ha hecho que Rebeca me haya parecido una lectura sencilla y muy sobrevalorada.

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