martes, 22 de septiembre de 2026

La chica del lago

Ficha técnica

Autor: Mikel Santiago
Edición: 1ª ed.
Editorial: Ediciones B
Año de edición: 2025
Número de páginas: 688
ISBN: 9788466682732
Créditos imagen

Opinión
La historia empieza cuando Quintana Torrés está en la firma de su última novela, un thriller basado en la historia real de Alba, una joven que murió en extrañas circunstancias en el lago de Urkizu hace veinticinco años. Durante la firma, un antiguo compañero del instituto le entrega un sobre negro. Dentro solo hay una fotografía de un diario que perteneció a Alba, un diario que desapareció junto a ella la noche en que falleció.

A partir de aquí, la novela va alternando el presente y los acontecimientos del pasado, mientras Quintana intenta entender qué ocurrió realmente y por qué, después de tantos años, están apareciendo nuevas pistas. La investigación empieza a poner en duda cosas que parecían claras y hace que Quintana tenga que enfrentarse a personas, recuerdos y secretos que llevaban mucho tiempo enterrados.

No sé si os pasará lo mismo: cuando leo un libro de alguno de mis autores favoritos, voy con una predisposición más positiva porque sé que me va a gustar, y Mikel Santiago es, para mí, una apuesta segura. Hay libros que me gustan más y otros menos, pero nunca defrauda (hasta el momento), y La chica del lago tenía todas las papeletas para afianzar a su autor en mi lista de favoritos.

Cuando comenzamos la lectura de un libro, nos podemos encontrar con aquellos que empiezan con una pregunta y otros que empiezan con una sensación. La chica del lago pertenece un poco a los dos grupos. Desde las primeras páginas hay algo que no termina de encajar, una inquietud que va creciendo poco a poco y que hace que sigamos leyendo con la sensación de que, detrás de lo que estamos viendo, hay mucho más de lo que parece.

La historia gira alrededor de un misterio que, como suele ocurrir en las novelas de Santiago, está muy relacionado con el pasado y con esas cosas que creemos haber dejado atrás pero que, en realidad, nunca desaparecen del todo. El lago, que tiene un peso importante durante toda la historia, no es simplemente el lugar donde ocurren los hechos. Es también una parte del ambiente de la novela, un espacio que transmite calma por fuera y cierta oscuridad por dentro. Y esa mezcla funciona muy bien.

Uno de los puntos fuertes del libro son los personajes. No son simplemente piezas colocadas para que avance la investigación, sino personas con sus propios recuerdos, dudas, relaciones y secretos. Poco a poco vamos conociendo sus diferentes caras y, sobre todo, entendiendo que no siempre es fácil saber en quién confiar. Esa incertidumbre está muy bien llevada porque el autor no necesita estar constantemente dando grandes giros para mantener nuestra atención. Muchas veces basta con una conversación, un recuerdo o un pequeño detalle para que empecemos a mirar la historia de otra manera.

El ritmo es otro punto a favor. La novela se lee con bastante facilidad porque los capítulos están construidos de una manera que invita a continuar. Siempre queda alguna pregunta en el aire y es difícil no querer saber qué ocurre después. Aun así, no da la sensación de que todo esté hecho simplemente para sorprender al lector. Hay una historia detrás del misterio y el autor va dejando que la vayamos descubriendo poco a poco.

Además, Mikel Santiago sabe crear ambiente. Hay una sensación constante de tranquilidad extraña, como si bajo la aparente normalidad de los lugares y de las personas hubiera algo que no se quiere contar. Esa atmósfera es probablemente una de las cosas que más me han gustado del libro. No necesita recurrir continuamente a situaciones exageradas para crear tensión. La tensión aparece muchas veces en lo cotidiano, en lo que los personajes callan y en aquello que parece no tener demasiada importancia hasta que, de repente, empieza a tenerla.

En cuanto al estilo, es sencillo y muy directo. No se entretiene demasiado en descripciones innecesarias ni utiliza un lenguaje complicado. La narración avanza de forma bastante natural y eso hace que la lectura resulte ágil. Es una novela pensada para dejarse llevar por la historia, aunque también tiene suficientes detalles como para que el lector vaya intentando sacar sus propias conclusiones, y esto es lo que hace que Mikel Santiago sea uno de mis autores favoritos.

Y quizá ahí está una de las mejores cosas de La chica del lago: la sensación de estar intentando resolver el misterio al mismo tiempo que los personajes. Podemos sospechar de unas personas, cambiar de opinión, pensar que hemos entendido algo y descubrir después que quizá no era tan sencillo. La novela juega bastante con esa sensación de inseguridad y lo hace sin necesidad de explicarlo todo constantemente.

También me parece interesante cómo la historia habla, aunque sea de manera indirecta, de la memoria, de la culpa y de la forma en que el pasado puede seguir influyendo en el presente. No es solo una novela sobre descubrir qué ha ocurrido, sino también sobre las consecuencias que tienen determinados hechos en las personas que los vivieron.

En conjunto, La chica del lago es una novela de misterio que funciona especialmente bien si buscas una lectura entretenida, con buen ritmo y una atmósfera que va ganando peso a medida que avanzan las páginas. No hace falta ser un lector habitual de novela negra para disfrutarla, porque la historia está contada de una forma bastante accesible y engancha sin complicarse demasiado.

Lo mejor es entrar en ella sabiendo poco. Dejarse llevar, conocer a los personajes, observar los pequeños detalles y permitir que la historia vaya colocando sus piezas. Porque, al final, buena parte de su gracia está precisamente en eso: en pensar que ya sabes por dónde van las cosas y seguir leyendo para comprobar si realmente tienes razón y, como me suele pasar, Mikel Santiago me deja asombrada cuando te descubre que has estado pensando todo el rato en el culpable equivocado.

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