Ficha técnica
Autora: Shirley Jackson
Título original: The haunting of Hill House
Traductor: Óscar Palmer Yáñez
Edición: 1ª ed.
Lugar de edición: Madrid
Editorial: Valdemar
Año de edición: 2008
Número de páginas: 256
ISBN: 9788477026211
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Opinión
Publicada por primera vez en 1959, La maldición de Hill House está considerada una de las grandes novelas del terror gótico del siglo XX y convirtió a Shirley Jackson en una de las autoras más destacadas del género. Su influencia ha llegado hasta escritores como Stephen King, quien encontró en ella una fuente de inspiración para escribir El resplandor. Con semejantes credenciales, resulta fácil dejarse seducir por una historia en la que una mansión solitaria, rodeada de una siniestra reputación, se convierte en el eje central de todo lo que acontece.
La historia nos presenta al doctor John Montague, un antropólogo interesado en investigar los fenómenos sobrenaturales que se producen en casas encantadas. Tras escuchar las historias que circulan sobre Hill House, decide alquilarla para estudiar los extraños sucesos que, al parecer, tienen lugar entre sus paredes. Para ello contará con la compañía de Eleanor, una joven que ha dedicado buena parte de su vida a cuidar de su madre; Theodora, una vivaracha artista; y Luke, sobrino de la propietaria de la mansión.
Desde el principio, el grupo parece congeniar bastante bien. Una vez hechas las presentaciones, surge la inevitable pregunta: ¿por qué están todos allí? Las dos jóvenes han respondido voluntariamente a la llamada del doctor, mientras que Luke se encuentra en la casa por imposición de su tía. Montague aprovecha para ponerlos al corriente de la turbulenta historia de Hill House, marcada por la locura, el suicidio y las disputas judiciales. A ello se suma un inquietante detalle: sus anteriores inquilinos siempre terminaban abandonándola antes de lo previsto y advertían a los demás que se mantuvieran alejados de ella.
Qué sucede realmente en Hill House para despertar semejantes temores es algo que os dejo descubrir por vosotros mismos si os animáis a adentraros en sus páginas.
Shirley Jackson construye una historia de terror psicológico en la que destacan, sobre todo, las descripciones de la mansión. La autora consigue dotarla de una presencia inquietante, casi como si tuviera vida propia y observara a quienes se atreven a cruzar sus puertas. Bajo ese halo oscuro y siniestro, los espacios parecen cobrar una voluntad propia: puertas y ventanas que se cierran solas, ambientes opresivos y una sensación constante de que algo no va bien. Es precisamente esta capacidad para crear una atmósfera perturbadora la que, en mi opinión, constituye uno de los mayores aciertos de la novela.
Sin embargo, no puedo decir lo mismo de sus personajes. Me han parecido demasiado planos, con actitudes que en ocasiones rozan lo infantil y que no terminan de resultar creíbles. No he conseguido congeniar con ninguno de ellos y, especialmente, Eleanor, sobre quien recae buena parte del peso de la historia, se me ha hecho cuesta arriba. Lejos de despertar mi interés o conseguir que empatizara con ella, ha terminado por resultarme un personaje tedioso, por no decir insoportable.
Sé que esta novela cuenta con numerosos admiradores y que para muchos es una obra imprescindible del género, pero, en mi caso, lo que más me ha interesado son los fenómenos paranormales relacionados con la propia casa. Me habría gustado que la autora profundizara más en ellos, que explorara sus manifestaciones y les concediera un mayor protagonismo. Sin embargo, cuando empiezan a suceder cosas realmente interesantes, la narración parece apartarse de ellas con demasiada rapidez y algunos personajes contribuyen a restarles importancia. Esta falta de desarrollo, unida a lo poco que me han convencido sus protagonistas, ha hecho que la lectura se me haya hecho bastante pesada, a pesar de que los capítulos son cortos y de que Jackson escribe con un estilo cuidado y eficaz.
Tampoco han ayudado los personajes secundarios. La señora Montague me ha resultado especialmente irritante por su actitud prepotente y arrogante, mientras que la señora Dudley, que podría haber dado más juego dentro de la historia, termina resultando demasiado repetitiva con sus constantes referencias a las obligaciones que le corresponden como empleada de Hill House. Son detalles que, en lugar de enriquecer la narración, han contribuido a que mi interés fuera decayendo a medida que avanzaba en la lectura.
Con el desenlace también he tenido mis más y mis menos. Por un lado, me ha parecido predecible; por otro, entiendo que encaja con el tipo de historia que Jackson ha querido contar. Aun así, me habría gustado un final con más fuerza, en el que la propia Hill House tuviera un protagonismo todavía mayor y terminara de redondear esa atmósfera inquietante que la autora construye tan bien durante buena parte de la novela. Quizá la intención estuviera ahí y sea yo quien no haya sabido apreciarla como merecía.
No sé si mis expectativas eran demasiado altas o si, sencillamente, no he leído esta novela en el mejor momento, pero lo cierto es que La maldición de Hill House, pese a contar con elementos más que atractivos y una ambientación que funciona especialmente bien, no ha sido la lectura sobre casas encantadas que esperaba encontrar. La atmósfera, la inquietud y el potencial de la propia mansión estaban ahí, pero la falta de conexión con los personajes y mi deseo de que se profundizara más en los fenómenos paranormales han terminado pesando más que sus virtudes. Una novela que entiendo que pueda fascinar a otros lectores, pero que, en mi caso, se ha quedado lejos de las expectativas que había depositado en ella.

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